viernes, 27 de mayo de 2011

No me quedo en el camino.

Aquí estoy en casa, de vuelta de Lanzarote, menudo mayo me tenía preparado el destino. No sé si el destino o el mero camino. Recuerdo el mes de febrero, una mañana cualquiera salí a entrenarme en bici y casi no regreso a casa. Bajaba un puerto de montaña como de costumbre, en la cabeza rondaban las mismas cosas de siempre, pensaba, "ahora mi hijo está en el cole, Ángela estará de camino a la piscina a recogerme y mi hermano andará trabajando para luego entrenar por la tarde, Carmelo al igual me cruzo con él si salió en bici hoy al sur, si no,  pues ya le llamaré esta tarde,  pensaba". Unos metros después tras girar a la derecha fue visto y no visto, lo único que recuerdo es un tremendo golpe en la cabeza y mucha sangre en la nariz, había destrozado el parabrisas de una furgoneta, desorientado en el suelo de repente me veo luchando debajo de ella para que no me pillen las ruedas. La pierna enredada resiste la torsión y doy gracias a dios que el coche ha parado y no he escuchado ningún hueso crugir. Salgo como puedo, me pongo en pié, el tobillo derecho ya es el doble de grande que el izquierdo, me trago la sangre de la nariz al hablarle al conductor, la mujer corre a por una prenda para taparme la herida abierta del antebrazo, ni me había enterado, más sangre al suelo. Bueno todo pasó rápido, al final fue sólo un susto, me cosieron, me radiografiaron y me dejaron marchar a casa después de dos días. 
Luego llegó un duro mes de entrenamiento con dolor. Pero eso pasó y llegó otro susto, ésta vez el corazón. A las tres de la mañana me despierto de un salto, notaba que algo no marchaba. Tenía una arritmia supongo, voy al centro de salud pensando que sería alguna tontería y me costó otros cuatro días de pruebas y hospital. Pensé y comenté con Pablo en dejar Lanzarote e inscribirme en el Ironman de Inglaterra pero él me calmó. Me dijo que me vendría bien esos cuatro días, que me tranquilizara y que siguiera trabajando. Así lo hice, poco a poco fui ganando confianza y los entrenos fueron llegando y pasando. Me presenté en la línea de salida del ironman. Me dije y prometí a mí mismo que estaba preparado y que no dejaría que me pasara lo del año pasado. Así fue, mejoré mi mejor tiempo, de 1h 08´del año pasado al 59´02´´ de éste año. Para mí es motivo de muchísima alegría, es tal el regocijo que cuando veo a Ángela en la avenida le grito, "fifty nine minutes" y ella me dijo, "I know", ella sabía. Mil veces me he acostado en la cama y hemos tenido la misma conversación, "quiero bajar de una hora en la natación", jejejeje, y así fué. 
En la bici luché pero no tuve mi mejor día, mucho viento y mucho desgaste. Llegué a la carrera y tras dos o tres zancadas sabía que sería un día duro. Dolor lumbar, como dos cuchillos clavados y anquilosados que no se despegaban. Intenté relajarme y no podía, decidí poner hielo en la espalda, aprovechando mi cinturón de hidratación logré incrustarme dos piedras heladas en la zona lumbar y correr como podía. Los calambres vinieron enseguida en gemelos y cuadriceps, el bidón perdido en el km 75 de bici pasó factura, una hora casi sin sales tiene su castigo. Aguanto como puedo, tomo geles y mucho isotónico, llego al km 15 con las mismas sensaciones y paro. Pienso en abandonar, estiro un poco, sobre todo la espalda y tomo un respiro. Me planteo seguir corriendo poco a poco, doy un paso de 6´tras la parada y uno de 4´50´´ después del bache. Recobro la confianza y llego a la zona de público, me cruzo con Pablo el cual me anima y yo animo. Mi familia espera, mi hijo me grita " VEEEEEENNNNNNNNNGGGGGGGGAAAAAAA    PAAAAAPPPPIIIIIII" y no puedo parar, Ángela, Jose, todos están ahí, Guiller corre a mi lado, se une Wili el cual corre conmigo y le pido que a la vuelta me espere, voy muy tocado y no sé a donde voy a llegar. A la vuelta corre a mi lado, muchos metros y algunos kilómetros, me lleva en volandas, sus palabras de apoyo surten efecto y sigo sin parar hasta el final, Jose y Guiller sacan sus cuentas, puedo estar en Hawaii y así fue, cruzo la meta y levanto los brazos al cielo, he terminado mi cuarto Ironman. 
Con ello he dejado atrás la idea que siempre he tenido que me he quedado en el camino. En el km 15 de mi carrera a pié de éste año quise quedarme en el camino pero no fue así. Éste año han habido obstáculos duros y no me he quedado en el camino, he hecho mi propio camino y ahora tengo la puerta abierta a uno nuevo. Espero cruzar la meta de Kona y traer mi medalla de finisher y poder compartirlo con mi familia y amigos. Espero seguir contando con la gente que me quiere, espero seguir sintiendo esa energía mágica que me da Lanzarote cada año, de la cual a veces me olvido, pero que sin duda revivo tras pasar unas horas con Carmelo. Ese veneno riega sus venas como fiero castigo de las mentes ajenas que ignoran lo por él sentido y que yo he tenido el honor de haber compartido.
Me gustaría agradecer de corazón a todos mis amigos que me han apoyado desde la lejanía y la cercanía, corriendo a mi lado, apoyándome en los momentos buenos y malos. 
Tambien agradecer a Ángela el estar ahí día a día, sin ella nada de ésto hubiera sido posible ni pensable, ella es la que siempre está en todo momento conmigo, la que me lleva el desayuno tras hacer mis dos horas de carrera, la que me recoge en la piscina después de hacer mi bici y natación, la primera que ha estado durmiendo esas noches de hospital que he pasado, la que siempre ha estado ahí desde el principio.
Agradecer a Juan Escalada la gran ayuda que me ha proporcionado desinteresadamente, necesaria e impagable. 
A Pablo Cabeza por su profesionalidad en cuanto a mi preparación. 
A mi hermano Jose compañero de entrenamiento al igual que Wili. 
A mi familia.
A Carmelo Ruíz por hacer que me crea que ésto era posible y prometerme que no me quedaría en el camino mientras yo estuviera a su lado y así ha sido. 
Y al portal Dorsal Cero por facilitarme las cosas en un momento muy delicado y crucial de la temporada cuando más lo necesitaba y cuando menos yo podía. 


UN ABRAZO A TODOS.

miércoles, 18 de mayo de 2011

La primera del año.

 Llegó la cita, en un día volaré a Lanzarote a intentar terminar mi cuarto Ironman, tercero en Lanzarote. Éste ha sido el año más duro con diferencia, y no por la dureza del entrenamiento que he de decir que no ha sido un camino de rosas si no por todo lo que ha ocurrido. La temporada pasada terminé con un abandono por fallo mecánico en el Campeonato de España de Ibiza y desde entonces todo ha sido un cúmulo de barreras que he tenido que ir superando. Las más duras quizás las dos hospitalizaciones, y sobre todo la primera por un aparatoso atropello que si bien todavía arrastro secuelas físicas en el tobillo derecho, más son las psicológicas sobre todo en bajadas de puertos de montaña. Todavía la imagen ronda la cabeza y no sé si algún día dejará de rondarla, pero me he hecho mucho más cauteloso con los descensos, cosa que no sé si será mejor o peor. De todos modos desde el día uno que me fue posible entrenar seguí en la lucha, ya que de eso se trata. Se trata de ir uno superándose a sí mismo, ir venciendo los miedos y dejarlos atrás. 
En ésta recta final de la preparación de Lanzarote he sufrido uno de los contratiempos peores que se pueden padecer, la desgana. Perdí el norte y mi rumbo volvió a ser direccionado contra la más dura tempestad que tanto me castigó en el pasado. Caí en la sinrazón de no saber el porqué de tanto esfuerzo, el porqué de tantas mañanas dedicadas a éste deporte. Llegué a dudar de mí, llegué a dudar de mi preparación, de quien me prepara, de quien me asesora, hasta tocar fondo.
Pero como sin duda y como creo que es así, no siempre se está bien, no es malo tocar fondo, somos humanos y seres imperfectos. Me llegué a preguntar la razón, el motivo, hasta encontrar la respuesta que siempre encuentro. Mirando cuatro años atrás, mi deporte, nuestro deporte, me ha hecho ser mejor persona o por lo menos sentir que siento ese sentimiento. Y eso, es suficiente motivo para tanto esfuerzo o por lo menos para mí así es. 
Gracias a todos los que habéis estado a mi lado desde la lejanía y la cercanía, espero veros en Lanzarote éste año y muchos más. Y en especial a mi entrenador Pablo Cabeza por su buen hacer, a Carmelo Ruíz por su ayuda siempre incondicional, a mi hermano por su apoyo, a mi pareja y a mi hijo por ser mi inspiración. También a Juan Escalada por darme el respaldo que necesitaba. Un fuerte abrazo a todos los pozoizquierdanos y amigos en general.