jueves, 9 de septiembre de 2010

FIESTA DEL ENTIERRO

En los pueblos pequeños como en el que yo vivo, un entierro es como la fiesta mayor. Acuden personas de todos los lugares de la isla, preferentemente familiares del difunto o la difunta. He dejado de ir, me sentía muy mal, y no precisamente por la muerte de la persona que pudiera conocer, sino por lo que allí acontecía y sigue aconteciendo. Como decía antes la gente viene de todos los lugares luciendo sus mejores galas. Una vez en el tanatorio comienzan las muestras de alegría por reencontrarse con aquellas personas que hacía mucho tiempo que no veían y que nuevamente son en la mayoría de los casos familiares y se escucha mucho la típica frase, “siempre nos vemos cuando se muere alguien”.

Los motivos de mi pena ante ésta costumbre que tacho de cavernícola pueden ser varios, se me ocurre pensar, el porqué esos familiares afectados, que no suelen ser muy numerosos, tienen que sufrir esas 24 horas frente al cuerpo sin vida de un ser querido. Qué incomodidad el no estar en casa, descansando y bien llevando esos momentos delicados y no en unas sillas incómodas mirando una caja que contiene un cadáver. Todo ello no sé si por una costumbre forzada, pero que en mi opinión y respeto la de los demás, no es más que un espectáculo morboso para los que allí asisten, como si fuera un reality show de ver qué familiar está más afectado y cual no, para poder luego comentarlo en las tertulias que se forman en los lugares más periféricos del tanatorio y que como norma general tienen de moderadora a una señora mayor bien al día de los problemas de la familia.

Para mí, si esos momentos son de sincero dolor, deberían estar reservados a las personas que íntimamente consideramos amigos o familiares, y no a todo aquel que quiera acudir como si de un espectáculo gratuito se tratara.

Otro aspecto que no comparto son los comentarios de la cantidad de gente que acude al entierro, como si eso fuera a darle más o menos importancia a la persona que ha dejado de existir. Hasta en eso somos competitivos y envidiosos, cuando comparamos la cantidad de gente que fue a un entierro y a otro. Qué hipocresía.
También existen los comentarios favorables al difunto, ya que si no los hacemos, pensamos que dicha persona vendrá del más allá a castigarnos. Por qué el día del velatorio tenemos que alabar la persona del difunto si en vida no lo podíamos ni ver. Pues sí, si no me caía bien, lo digo, y lo que no haré, será ir a su entierro sólo para hacer número y menos aún a pasarlo bien viendo el dolor de quien sí lo quería, ya que muchos de los que presumen haber estado toda la noche acompañando al cadáver y en primera fila del entierro, lo hacen por puro disfrute y por el qué dirán, meramente apariencia, por ser tratado de persona bondadosa de acudir en auxilio del dolor del prójimo. Son los mismos que en vida normalmente tenían algo que decir siempre del difunto, ya sea bueno o malo, y como arrepentimiento de tal acto, necesitan ser exculpados de tal losa el día del adiós de esa persona.



Por qué acudimos en masa al entierro de una persona, nos volcamos, por qué no repetimos el mismo acto cuando alguien consigue algo con esfuerzo y esmero. No es la misma persona a la cual estamos dándole el último adiós aquella que un día necesitaba ayuda y no se la dimos. No es la misma persona que si es verdad que sentimos su muerte y acudimos a esa llamada nunca nos preocupamos de la fecha de su nacimiento para decirle feliz cumpleaños.

Por todo ello todavía no alcanzo a comprender el sentido de los enterramientos y las muestras de pena por la marcha de esa persona, salvo las que se notan que son sinceras. Por qué siempre somos movidos por actos negativos y no por el contrario, por actos positivos ante una muestra afectiva hacia una persona, y aún peor, no hacerlo cuando la persona pueda ser sujeto contemplativo de esa muestra y no cuando ya no está en vida.

Bueno espero que con vuestros comentarios pueda comprender esto mejor. Un abrazo.



5 comentarios:

  1. Estoy completamente deacuerdo contigo. Lo malo es que las tradiciones, como esta, que están muy arraigadas son muy difíciles de erradicar. Un saludo y que sigas plasmando siempre tu libre forma de pensar.

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  2. Siempre he sido muy crítico con los entierros y velatorios, lo que he expuesto hoy aquí es sólo una parte de lo que pienso. Añadiría que hay quien desea un hecho así para sentirse el centro de atención por un día, cosa aún más triste.

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  3. Velatorio : la peor experiencia que he vivido.
    Entierro : no es necesario . Mejor incinerar y dejar el espectáculo en otro lugar.

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  4. Hola! Te leo desde la entrada de motivación pasada que me dijo un amigo; me gustó bastante y ésta yo creo que más. Ójala hiciéramos con los vivos lo que hacemos con los muertos; otro gallo cantaría! Felicidades por tu blog.

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  5. Gracias Almu, me alegra mucho que te guste el blog, te doy la bienvenida y las gracias por participar, un abrazo.

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